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I
Dentro del Universo Infinito la multiplicidad de formas se desplazan
en hipotéticas trayectorias, confundiéndose entre los campos de
energías, propias de toda materia.
Cada cuerpo, estrella, planeta, satélite, cometa o “cosa diferente”
es parte inmanente de la sutil Infinitud que permite las secuencias
de la materia en su transcurrir a través del Tiempo.
Los diferentes planos de energía atraviesan la densidad de la
materia hasta alcanzar el estado primordial, en donde lo sutil es un
flujo indefinible y etéreo que todo lo contiene.
Este Universo Espacial permite la manifestación de la Materia y de
sus diferentes composiciones y realidades en secuencias temporales
de Pasado, Presente y Futuro y permite de este modo aparentes
movimientos y secuencias. Más aún, se destacan la periodicidad y el
sincronismo dentro de un equilibrio en que se involucran las fuerzas
gravitacionales, electromagnéticas, fotónicas y partículas
ultra-energéticas, que ejercen influencia sobre la materia orgánica
e inorgánica.
Todo esta ligado y relacionado buscando el equilibrio y una razón de
circunstancia, en donde inteligencias en progreso descubren
explicaciones, interacciones y consecuencias de los diferentes
acontecimientos que se van sucediendo y repitiendo en el Planeta y
en el Cosmos.
La Suprema Inteligencia conforma ese Universo Creador que se expande
en lo inconmensurable, estando en todo lugar al unísono desde
siempre y por siempre, dando formas y proyecciones singulares y
holográficas que intrínsecamente buscan un destino particular.
Dentro del Todo cada elemento, organismo o partícula conforma una
individualidad que se desarrolla e interactúa en un transcurso de
tiempo correspondiente a una realidad determinada.
El elemento gestor en el discurrir de la materia, es la
transformación de secuencias emocionales que alternan en alto grado
entre las mismas especies, produciendo la generación de más
hologramas en acción.
En la medida del progreso evolutivo de las capas emocionales las
holografías se van sintetizando y convirtiendo para conformar
integralmente la Unidad.
Los marcos y escenarios desaparecen, igual que las imágenes en la
vuelta al origen primigenio y esencial y en la pulsación creadora,
el retorno surge necesario desde la mansedumbre absoluta de la
Inteligencia Cósmica, para repetir el ciclo y producir más expansión
fuera de todo límite.
Dentro de las diferentes realidades, quienes las vivencian tienen
certezas y acción. Las certezas no necesariamente surgen desde el
razonamiento y la lógica, sino que provienen de una resolución al
existir de una determinada manera, se hallan implícitas formando
parte de un código y consecuentemente permiten una acción que
involucra movimiento. El entrecruzamiento de esas certezas, la
acción y el movimiento impulsan la existencia de una determinada
manera.
Desde lo Uno, infinitos rayos proyectan y organizan existencias
predeterminadas en un orden preestablecido. Las estrellas, planetas,
lunas, cometas, asteroides y toda “cosa” situada en el espacio
cumple un proyecto temporal y justamente por ser una proyección
perfecta observa la ley establecida para el Cosmos. Esta determina
el equilibrio que debe existir entre la trayectoria y la
consecuencia siendo la causa por la cual todo movimiento debe
conservar un sentido orbital predeterminado evitando colisiones y
destrucción.
Desde lo Uno impera la total Sabiduría que acciona en todas las
dimensiones, e involucra a todos los desprendimientos de
inteligencia que circundan el Espacio Sideral. Es que la Suprema
Inteligencia, proyecta Inteligencia en todos los niveles:
inorgánicos, orgánicos y sutiles produciendo la interacción entre
las múltiples existencias, con lo que se establece la causa y el
efecto y de esta manera queda establecido el orden. |
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II
En la inmensidad del Espacio un planeta minúsculo, la Tierra
transita de manera exuberante en un derrotero cíclico dentro de un
sistema Solar y en una determinada galaxia, convergiendo en su
interior y en su superficie manifestaciones de vida con códigos de
diversa índole.
Recibe el privilegio de innumerables proyecciones que se manifiestan
en millones de existencias que convergen en tres etapas: surgir,
permanecer y fenecer.
Desde la piedra hasta el hombre recorren las tres etapas
indefectiblemente, inducidos por ese rayo que surge del Espíritu de
la Inteligencia Creadora que asienta el enfoque espiritual formador
de lo etérico en material. Allí surge la chispa animada de la vida
en millones de facetas, palpitando en la frecuencia del espíritu a
partir del interludio proveniente del prisma de las almas
originales. Estas son los elementos focalizadores y catalizadores
determinantes en el surgimiento de las existencias. De cada alma
pueden direccionarse cientos de espíritus hacia diferentes lugares.
De esta manera se va conformando el holograma que surge de la
Inteligencia Suprema y emite sus rayos dentro de su infinitud a
través de las almas y el rayo espiritual.
Estas almas y espíritus estampan la forma y dan vida a estructuras
aparentemente complejas, partiendo del átomo y de partículas aún mas
pequeñas. Pero el átomo y toda su conformación y multiplicidad
resulta extremadamente simple para la Inteligencia Creadora ya que
se vale de lo etéreo para concebir las imágenes estructurales y
hacerlas manifiesta.
El resultado es la ilusión de realidad de la vida en diversos
planos, en donde cada especie cree en su realidad sin comprender
otra. Se encuentran segmentadas exclusivamente dentro de su entorno,
siendo el desafío poder saltar la valla y darse cuenta de las
existencias de otras realidades y otros planos, para de esa forma
entrar en el campo evolutivo y paulatinamente volver al origen.
El sentido de la Suprema Inteligencia en la Eternidad es la
expansión y generar múltiples expresiones de realidades simultaneas,
manifiestas en el psiquismo que impulsa la vida.
Esa Inteligencia Suprema Cósmica podría pensarse como una Súper –
Mente en donde esta todo contenido en la más elevada perfección.
Escapa a todo concepto racional, absolutamente incomprensible para
el entendimiento humano por medio de la razón y la lógica.
Sólo se pueden tener atisbos evadiendo el intelectualismo e
internándose en el espíritu que recrea los estadios intuitivos y de
iluminación.
Consecuentemente en el escenario que se representa la vida en La
Tierra, el argumento gira formando un círculo repetitivo, reiterando
los hechos como consecuencia de la pasión, el interés, y el miedo
que conforman una realidad particular, en la cual los actores
representan su papel, de acuerdo al guión establecido que se llama:
Destino.
Situaciones y vicisitudes provocan interacciones entre las
diferentes emociones humanas, depositadas en la individualidad,
generando sentimientos que se perciben como exclusivos y únicos si
bien son comunes a la generalidad.
Pero esas sensaciones ya sean de alegría o dolor se expanden hacia
otra realidad, siendo el alimento sustancial de existencias que han
logrado sutilizarse.
Esa otra realidad pertenece a otro tiempo, paralelo al humano y esas
existencias desarrollan un movimiento curvo y no repetitivo que
evita la vuelta a su origen, como ocurre en la vida de la Tierra.
Dichas entidades están más allá del bien y del mal, transforman las
emociones purificándolas y las incorporan habiendo eliminado las
fuerzas contradictorias del sentimiento.
Surcan el espacio, llegan a planetas y estrellas lejanos y se
manifiestan como guías de un orden universal. Forman parte del mundo
casi invisible que posibilita la formación de la materia.
En el interactuar pueden dividirse o ser una unidad y estar
simultáneamente en diversos lugares.
El espíritu, esencia manifiesta y sutil inmersa en el espacio,
proyecta su existencia creando formas en tercera dimensión, que
surgen en los diferentes cuerpos estelares del Universo, recreando
la vida y adquiriendo visos de realidad.
Se incorpora en diferentes cuerpos y estructuras facilitando la
gestación, el comienzo y el detenimiento de la vida. El espíritu
inicia un proceso de existencia que desencadena episodios
circunstanciales en una aventura desarrollada en forma circular.
Al venir de lo trascendente y encarnar en materia se pierde la
memoria para desarrollarse en lo aparentemente concreto. La
percepción que antes era global y abarcativa se transforma en
unicentral enfocando sólo el plano concreto.
En este pequeño y hermoso Planeta que gira alrededor del Sol, que a
su vez se desplaza por la Galaxia arrastrándonos y que a su vez ésta
se desplaza por el Universo, transporta espíritus caídos del cielo
para recorrer ciclos de existencia que responden a su individualidad
y particularidad.
Ya no percibe el todo, en este momento se halla circunscrito a su
individualidad y actúa en función de un programa reiterado,
proveniente de las condiciones y componentes establecidos por la
Suprema Creación para funcionar en concepto de vida.
Las vivencias resultan de lo inmediato y el desarrollo de las
emociones lo adhieren al pragmatismo recurrente. En la medida de su
desarrollo el temperamento guiado por las emociones dibuja
innumerables juicios valorativos, costumbres e ideas que remarcan el
parecido con los semejantes.
Un denominador común como si fuera un libreto a interpretar enlaza
las acciones, el pensamiento, los esquemas de cada uno de los
millones de individuos.
Todos tienen alguna o varias tendencias similares, se puede escrutar
la igualdad en varios puntos de las personalidades desarrolladas.
Pero cada individuo se encierra en su propio círculo emocional y
temperamental. Es como que el espíritu se ha perdido en el laberinto
del plano concreto, entrando en el letargo que significa mirar por
la rendija que produce
una visión lineal.
Todos creen en que los sucesos, sentimientos, pensamientos son
propios y exclusivos y justamente han adquirido la corporalidad para
apreciar y desarrollar la multiplicidad visionaria y descubrir el
patrón común que los guía para volver a ser espíritu.
Y de esta manera contactar el alma de la cual se proviene.
El Universo se halla poblado de almas de las cuales emanan espíritus
ligados a ellas.
Numerosos pueden ser los espíritus enlazados sutilmente surgiendo de
una única alma.
Esta es el núcleo que llega directamente a la Suprema Inteligencia,
formando parte sustancial de ella para adentrarse en los confines de
la Eternidad y fundirse en Dios.
Desde este pequeñísimo planeta, en donde existen alrededor seis mil
quinientos millones de personas en el inicio del siglo veintiuno, se
intentan descorrer los velos del significado de la vida, elaborando
teorías, creando corrientes filosóficas y religiones, acelerando
procesos científicos.
Una aspiración titánica ante la grandiosidad del Universo y su
atemporalidad. Osadía desde el fondo de la historia o revelaciones
inspiradoras provenientes del Cosmos.
Si el hombre quiere saber tiene que mirar las estrellas y conectarse
con su Espíritu, tener plena conciencia y armonizar su interior para
despertar el vínculo entre su esencia y la Conciencia Cósmica. |