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Sabemos que los Ovnis existen, no son una fantasía o producto
de la imaginación, miles de personas han tenido alguna experiencia
con ellos. Tantos relatos, avistamientos y fotografías nos
son obra de alucinaciones.
Hasta se podría decir que conviven con nosotros de una
manera que no podemos descifrar claramente.
Constantemente estamos enfrentados al fenómeno pero siempre
está presente la incógnita y la desconfianza. La incógnita
porque surge un hecho, un avistamiento y termina ahí, en
el avistamiento. La desconfianza es más compleja, desde
el principio de las apariciones se trató de desacreditar
a los testigos, y también algunos explotaron ciertas situaciones
buscando un beneficio económico, aprovechando la credulidad
de un determinado grupo de personas.
El porqué a nivel masivo no se ha producido un encuentro
irrefutable, en que la proximidad del Ovni estuviera acompañada
por un descenso en el centro de una ciudad importante, induce
a efectuar algunas hipótesis, entendiendo que ellos poseen
razones y conocimientos para actuar de esa manera alejados
de nuestra realidad.
En primera instancia podemos pensar que están en otro tiempo,
distinto al nuestro. Un año (365 días) terrestres podría
ser para ellos un día. Luego cien años terrestres (36.500
días) equivaldrían a 100 días y suponiendo que su existencia
alcanzase los 100 años de su tiempo, en nuestro tiempo equivaldría
a 10.000 años. Prácticamente el lapso de nuestra era actual.
Es posible entonces que la acción de ese ser este acorde
a su tiempo de existencia y lo que haga en un medio día
suyo representaría 50 años en la Tierra.
Entretenernos con esta idea puede provocar un importante
impacto en nuestro interior y modificar ciertas estructuras
de pensamiento quitándoles rigidez.
Podemos entrever que entre nosotros pueden desplazarse
a otras velocidades y frecuencias, siendo invisibles a veces
a nuestra vista, como queda demostrado cuando aparecen en
alguna placa fotográfica sin haberla detectado el ojo humano.
La alta velocidad y los cambios de dirección bruscos como
lo manifestaron los testigos que pudieron visualizarlos
en innumerables oportunidades, puede deberse a un dominio
de la fuerza de gravedad, quizás logrado por poder variar
a voluntad el movimiento de los átomos del Ovni que a una
determinada frecuencia puede contrarrestar la ley gravitatoria.
Sería también la explicación de cómo consiguen la desmaterialización.
Una nave sometida a una alta frecuencia vibratoria se sutilizaría
de tal manera que le permitiría traspasar otra materia más
densa. En la actualidad se sabe que el neutrino y las partículas
cósmicas de alta energía pueden penetrar y atravesar hasta
un planeta. El manejo de semejante posibilidad ofrece una
perspectiva ilimitada y si negamos su factibilidad, podemos
remontarnos al año 1500 ó 1800 y suponer que una persona
de esa época, con aquel pensamiento se encontrara de repente
en el año 2001. Seguramente su reacción sería de absoluta
incredulidad.
Es probable que si provienen de planetas lejanos, se desplacen
a velocidades superiores que la luz. El hombre atisbó mediante
algunos experimentos que eso es factible y es probable que
en este Universo exista la intercomunicación entre seres
de otros niveles evolutivos, que incursionan por el espacio
sideral sin estar atados y circunscriptos a su lugar de
origen. El hombre contemporáneo debe comprender que existen
niveles superiores en diferentes escalas de desarrollo que
escapan a su conocimiento y que él se encuentra en una etapa
incipiente.
Dejar que la mente incursione en estas hipótesis ayuda
a lograr una modificación en la estructura interna del hombre.
Por intermedio de ideas que eluden la lógica normal se produce
un impacto que aparta al pensamiento de los criterios clásicos
y permite abrir de esta forma la puerta de la intuición
para finalmente contactarse con el espíritu.
La presencia de los Ovnis están provocando esa apertura
en gran cantidad de personas, tan solo con aparecer y desaparecer.
¿Será esa la finalidad?
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